Albert Camus

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Albert Camus

(Mondovi, Argelia francesa; 7 de noviembre de 1913 – Villeblevin, Francia; 4 de enero de 1960)


El Extranjero (1942)

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“Un mundo sin amor es un mundo muerto, y que al fin llega un momento en que se cansa uno de la prisión, del trabajo y el valor, y no exige más que el rostro de un ser y el hechizo de la ternura en el corazón.”

Esta obra tiene como referencia omnipresente a Meursault, su protagonista, a quien una serie de circunstancias conduce a cometer un crimen aparentemente inmotivado. El desenlace de su proceso judicial no tendrá más sentido que su vida, corroída por la cotidianidad y gobernada por fuerzas anónimas que, al despojar a los hombres de la condición de sujetos autónomos, los eximen también de responsabilidad y de culpa. Representa la visión existencialista perfecta, dado que Meursault es tal como quiere ser, o más bien es lo que es, es su propia esencia en un mundo de falsas esencias. Corroborando así el título de la obra, el protagonista es un extranjero en nuestro mundo, distinto, paria e indiferente de las circunstancias.

Publicada en 1942, en pleno fragor de la Segunda Guerra Mundial, El Extranjero se nutre de toda la fuerza del absurdo que regía las vidas de los europeos en aquellos años. Pero no se queda ahí. Porque Mersault además de ser un «héroe del absurdo», es también el vivo retrato de lo que cada uno de nosotros tenemos de solitarios, de náufragos, de desorientados, de seres que nos sabemos condenados a muerte.

Camus dio forma con este insípido drama al desencantado estado de ánimo del hombre del siglo XX. Nada le llama la atención ni le apasiona. No cree en la comunidad, ni en la política, ni en la religión. Su dramático atractivo es su persistente indiferencia. Para Meursault, nada tiene importancia, pues su vida no tiene sentido. Su desidia puede ser la del hombre del siglo XX que no acaba de encontrar su sitio en el mundo y que desconfía de las grandes ideologías redentoras. En su apático desdén existencial reside su atractivo, también literario.

«Yo sólo sé que el hombre muere y no es feliz», dirá el escritor tratando de explicar sus propias limitaciones cognitivas… y, de paso, las de los demás. El extranjero ofrece un retrato del hombre moderno atrapado en una existencia que no controla ni dirige. Por ello nos es tan fácil entenderlo. Como nos es fácil entender al Camus que, frente a los valores vacíos de una burguesía reprimida y represora, defendía la “libertad absurda”. La única de la que tenemos una constancia clara de que existe.

Albert Camus lo tenía claro, él no escribía para contarnos una historia sin más. Él escribía para dejarnos pensando porque según él: “El otoño es una segunda primavera en que cada hoja es una flor. Una novela no es otra cosa que una filosofía puesta en imágenes”. A fin de cuentas no hemos dejado de ser extranjeros de paso en este mundo.

Cortesía de La Voz de Galicia, Nueva Revista y Un Libro, Un Cafe !!

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Fernando Pessoa

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Fernando Pessoa

(Lisboa, 13 de junio de 1888 – Lisboa, 30 de noviembre de 1935)


Libro del Desasosiego (1935)

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“La vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo. No se a donde me llevará, porque no se nada. Me siento a la puerta y embebo mis ojos en los colores y en los sonidos del paisaje, y canto lento, para mí solo, vago cantos que compongo mientras espero.”

El Libro del desasosiego nació en 1913 y Pessoa trabajó en él durante toda su vida. La composición presenta dos fases de escritura: la primera iría de 1913 a 1920 y la segunda de 1929 a 1934. Cada una de las etapas es asignada por Pessoa a un autor diferente. Primero a Vicente Guedes y posteriormente a Bernardo Soares. Entre ambas un intervalo que a día de hoy continúa siendo un misterio para los investigadores.

Ésta es una obra inacabada e inacabable: un universo entero en expansión cuya pluralidad (literaria y vital) es infinita. Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libros de contabilidad en la ciudad de Lisboa, autor ficticio de este libro, es, según Pessoa, «un semi-heterónimo, porque, no siendo mía la personalidad, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella».

El Libro del desasosiego no es la novela de la vida de Bernardo Soares, lo que a éste le sucede en el día a día apenas tiene lugar en el libro, ni es, tampoco, solamente su diario personal, sino que es un compendio de reflexiones sobre la vida, la filosofía, la literatura, la soledad, el arte de escribir…, que acaban por formar una perspectiva muy acertada, adecuada y perfectamente transpolable a la actualidad del hombre postmoderno.

En estos textos Soares nos explica, entre otras cosas, su incapacidad para vivir, y su teoría de que él vive hacia adentro, porque sus sensaciones son su verdad, mucho más puras y reales de las del hombre vulgar, cuyos sentimientos, por ser “reales“, son menos intensos que los suyos imaginados.

Para entenderlo mejor, pondré un ejemplo: un hombre se enamora de una mujer, pero en realidad se enamora de la idea que tiene de la mujer, puesto que no la conoce del todo. Cuando el hombre entabla una relación con la mujer y pasa de estar idealizada a ser real, el amor ya no es tan puro, o no es amor tan intenso como el del principio. Porque la mujer no es perfecta, tiene defectos, y el amor se convierte en cariño o en algo distinto. Por eso Bernardo Soares prefiere no amar a nadie en la vida real, si no sólo en la imaginación, para vivir un amor más intenso y puro que no se verá contaminado de esas dosis de realidad que bajan del pedestal a las personas que amamos y que desvirtúan el sentimiento.

Este ejemplo lo extrapola a todo: Bernardo Soares no tiene amantes, ni amigos, sólo algún conocido que hace posible la publicación de su libro. Sus novias son mujeres inexistentes, sus amigos son muchos, y los visita, pero sólo en sus ensoñaciones, y viaja sólo con la imaginación. Mientras tanto, el tedio (y el desasosiego) ocupan su vida real de ayudante de tenedor de libros.

El lector, enfrascado en esta lectura, puede abandonarse al acto puro del sentir, en el cual se toma conciencia del abandono de la conciencia y del pensar, hasta llegar a un punto en el que, únicamente, el sentir se siente. Sintiendo como propias las angustias existenciales de Bernardo Soares, se siente, en lo más profundo del ser, su desapego a la vida y, al sentirlo en nosotros, lo vamos interiorizando.

El libro nos intercede directamente y nos narra sentimientos que todos hemos llegado a experimentar, sensaciones, nada excepcionales, que son totalmente comunes a la mayoría de las personas. Por ello lo fascinante de la obra no es lo que en ella se expresa, puesto que los sentimientos que transmite Soares son de lo más común, sino que lo fascinante, lo genial, de esta obra pertenece a la forma con que dichos sentimientos están expresados: el libro susurra y tiene una voz melodiosa, pausada y armónica; una voz que respira con cadencia, una voz que precisa ser leída en voz alta para poder ser gozada en su plena musicalidad y belleza, una voz que juega con las comas y los puntos, para dotar de un ritmo poético a la prosa.

Cortesía de Un Libro Abierto, Ratitas de Biblioteca, Acantilado y Revista de Letras !!

Arthur Machen

 

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Arthur Machen

(Caerleon, Gales, 3 de marzo de 1863  – Beaconsfield, England, 30 de marzo de 1947)


La Novela del Polvo Blanco (1895)

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“Mi antigua concepción del universo ha sido barrida y ahora estoy en un mundo que me parece tan extraño y atroz como las infinitas olas del óceano vistas por vez primera, en todo su resplandor, desde un pico de Darién. Ahora sé que las barreras de los sentidos, que parecían tan impenetrables, que parecían elevarse hasta el cielo y hundir sus cimientos en las profundidades, encerrándonos para siempre, no son tan infranqueables como imaginábamos, sino delgados y étereos velos que se esfuman ante el investigador y se desvanecen como la primera bruma matutina que se eleva de los arroyos.”.

Las historias de Machen resucitan un saber olvidado por la mayoría de los hombres que parece necesario para la exacta comprensión del mundo, aquel que evocan los mitos y libros sagrados y que aparece en la cultura a través de ceremonias y rituales. El misterio insondable que nos envuelve es una realidad oculta según Machen, quien a través de sus relatos nos intenta desvelar esa naturaleza feérica.

En sus relatos Machen imprimiría con fervor de poeta su particular visión del mundo a la que no privó ni un instante de su propio pasado galés. Nacido en Caerleon-on-Usk, un enclave en tierras galesas y punto de encuentro de historia y fantasía; que supondría uno de los principales acicates del autor a la hora de escribir gracias a su trasfondo de leyendas celtas y ruinas abandonadas en agrestes campos. Este aire de ensoñación romántica encontraría un singular compañero de viaje en el agitado fin de siécle y años posteriores, bullente época donde la confianza en la Razón como único modo de aproximación al conocimiento verdadero da paso a ciertas dudas sobre sus fundamentos.

El galés fue el primero en buscar el horror y el misterio “en un pasado bárbaro y terrible que aún acecha en las profundidades”. En sus relatos la duda y la incertidumbre del lector, van diluyéndose conforme avanza la narración, tejida mediante una atmósfera que se va haciendo palpable y visible como una niebla espesa, dejando hueco a un desasosiego real, ya no onírico o de simple sugestión. Es el Magnum Secretum el que atrae a Machen, el que inflama las páginas de sus relatos. Más allá del velo negro yace un mundo cuyo único recuerdo es la alegoría, la explicación inexplicable, inasible, que sólo aquel con ojos y mente inquieta puede desentrañar.

En La Novela del Polvo Blanco, el objeto de interés del bardo de Caerleon-on-Usk no son las capas de la mente, sino las de la propia humanidad. Machen, acuñando por el camino lo que los anglosajones denominan folk horror, nos lleva a centurias pasadas desde una perspectiva intelectual claramente aguda, una en la que los protagonistas de la narracion tratan de desentrañar sin prejuicios hechos y experiencias que dan por cerrados los científicos de su contemporaneidad.

El proceso de degeneración del protagonista da muestras del genio de Machen al identificar con una imagen poderosa e icónica la incapacidad del cuerpo para procesar la sustancia con la incapacidad de la ciencia, según la voz del relato, para admitir y estudiar frontalmente ciertos hechos ocultos por el tiempo y la tierra. Lo que ahora yace como historia corrupta, cuentos de hadas, baladas y canciones para aterrorizar a los niños, fue en una ocasión verdad tangible.

Cortesía de Fabulantes y El buscador de Tusitalas !!

Jean Paul Sartre

 

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Jean Paul Sartre

(París, 21 de junio de 1905 – París, 15 de abril de 1980)


La Nausea (1938)

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“La Náusea se ha quedado allá, en la luz amarilla. Soy feliz, este frío es tan puro, tan pura la noche; ¿no soy yo mismo una onda de aire helado? No tener ni sangre, ni linfa, ni carne. Deslizarse por este largo canal hacia aquella palidez. Ser sólo frío.

… Ahora me deslizo despacito al fondo del agua, hacia el miedo.”

Hay libros que nos dejan una especie de incómoda desazón, una sensación como de insuficiencia. Pareciera que sólo hubiéramos conseguido arañar su superficie y no llegar al corazón de la obra. Uno se consuela con el pensamiento de que, al menos, algo del conocimiento que intentan transmitir se nos haya adherido de alguna manera inconsciente, como se adhiere el polen a las alas y a las antenas de las abejas. La Náusea quizá sea uno de estos libros.

Pesa en él la certidumbre de un conocimiento trágico del sentido de la existencia humana, del absurdo del destino de los hombres, y todo se configura lentamente, casi a escondidas, en un ambiente oscuro, extraño, a menudo marcadamente kafkiano. Sus personajes remiten continuamente nuestra memoria a aquellos que rodean al agrimensor en El Castillo.

Cuando en un momento dado Roquentin, el protagonista, decide abandonar el estudio histórico al que ha dedicado los últimos años de su vida, anota en su diario, desolado: “Martes. Nada. He existido”. La existencia es vacío, existimos de la misma manera que existen las raíces de los árboles o los bancos de un parque. Existir no es ser, sino únicamente estar.

Cortesía de Mgregorovius !!

Edgar Allan Poe

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Edgar Allan Poe

(Boston, Estados Unidos, 19 de enero de 1809 – Baltimore, Estados Unidos, 7 de octubre de 1849)


El Barril de Amontillado (1846)

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“No sólo debía castigar, sino castigar con impunidad. No se repara un agravio cuando el castigo alcanza al reparador, y tampoco es reparado si el vengador no es capaz de mostrarse como tal a quien lo ha ofendido.”

El barril de Amontillado es uno de los cuentos más característicos del poeta y narrador norteamericano Edgar Allan Poe, maestro entre los más destacados de la literatura imaginativa. Incluido en las Narraciones extraordinarias, recopilación cuyo título es debido a Baudelaire (magnífico traductor de Poe al francés y su más decidido admirador), el cuento nos presenta la horrible venganza (largamente meditada) que lleva a término el personaje principal, que es también el narrador de la historia.

El “efecto único” e impresionante que Poe perseguía con sus relatos alcanza aquí un altísimo nivel, y la fantasía abre cauce perfecto a la sensibilidad monocorde y a la arrolladora fuerza elemental de su genio, “alucinante, entregado a las angustias del terror y a las mortales agonías”, como escribió Barbey d’Aurevilly.

Cortesía de Biografias y Vidas !!

Johan W. Goethe

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Johan W. Goethe

(Fráncfort del Meno, Hesse, 28 de agosto de 1749-Weimar, Turingia, 22 de marzo de 1832)


Las penas del joven Werther (1774)

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“Y aunque el amor no fuera otra cosa que fantasmas pasajeros, esto bastaría para labrar nuestra dicha cuando, deteniéndonos a contemplarlos como niños alegres, nos extasiamos con tan maravillosas ilusiones.”

“Las penas del joven Werther”, del autor alemán Johann Wolfgang von Goethe, es una de las máximas representaciones del romanticismo, que, para quienes no sepan, fue un movimiento cultural, literario y político que nació como consecuencia de las tumultuosas revueltas ocurridas en Europa luego de la Ilustración. Básicamente buscaba darle al hombre un escape a un mundo ideal donde se anteponen los sentimientos a la razón. Ésos mundos ideales casi siempre estaban representados por las sociedades clásicas de la antigua Grecia y Roma.

Esta obra es presentada como una colección de cartas escritas por Werther, un joven artista de temperamento sensible y apasionado, y dirigidas a su amigo Wilhelm. En estas cartas, Werther revela datos íntimos de su estancia en el pueblo ficticio de Wahlheim (basado en la ciudad de Garbenheim, cerca de Wetzlar), donde queda encantado por las tradiciones simples de los campesinos. El lector se sumerge en la visión del mundo a través de los ojos y las emociones de Werther. A partir de esa realidad alterada conocemos a Charlotte, una mujer bellísima que cuida a sus hermanos menores, una encantadora joven que materializa todo lo que Werther ama en la vida, pero cuyo único defecto radica en ser la esposa de un hombre llamado Albert.

“Las penas del Joven Werther” destaca por su extrapolación de las emociones y la mirada subjetiva del mundo provocada por un desequilibrio emocional. Una característica narrativa que más tarde daría forma al movimiento literario “Sturm Un Drang” desarrollado en Alemania en el siglo XVII. El “Sturnm und Drang” movimiento principalmente literario, que en español quiere decir “Fuerza e ímpetu” desafía los convencionalismos del racionalismo y de la Ilustración en la Alemania del siglo XVIII, abriendo la puerta a las manifestaciones más profundas y pasionales de estos autores en una sociedad en la que el uso de la razón y el empirismo reinaban.

Esta obra expresa el conflicto vital de quien se ha enamorado, exponiendo todo el pesimismo del amor imposible. Solo quien haya experimentado la escalada de emociones que produce un enamoramiento obsesivo e inalcanzable como el que padece Werther entenderá sus motivos por buscar una salida contundente y definitiva al sufrimiento de su espíritu. Y es que como propone el protagonista: “La naturaleza humana tiene sus límites, puede soportar hasta cierto grado la alegría, la pena y el dolor, pero si pasa más allá sucumbe. Es ridículo decir que un hombre que se suicida es cobarde, como absurdo sería dar el mismo nombre a quien muere de una fiebre maligna”.

A casi dos siglos y medio de distancia, la historia de Werther no ha perdido vigencia, después de todo, como el mismo Goethe afirmó: “…todos tienen un momento en su vida en el que sienten que Werther ha sido escrito solo para ellos…”

Cortesía de Rato Escritos y Resonancia Magazine !!

H. P. Lovecraft

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Howard Phillips Lovecraft

(Providence, Estados Unidos, 20 de agosto de 1890 – Providence, Estados Unidos, 15 de marzo de 1937)


El Modelo de Pickman (1926)

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“Sólo un gran artista conoce la verdadera anatomía de lo terrible o la fisiología del miedo: el tipo exacto de lineas y proporciones que se asocian a instintos latentes o a recuerdos hereditarios de temor, y los contrastes de color y efectos luminosos precisos que despiertan en uno el sentido latente de lo siniestro”

En el modelo de Pickman, Lovecraft nos relata el origen de las inquietantes pinturas de Richard Upton Pickman, un pintor de Boston que ha sido relegado por sus contemporáneos a causa de sus terroríficos trabajos en un estilo demasiado realista.

El modelo de Pickman es una construcción suprema, un circo de tres pistas metalingüístico que, si uno conoce lo suficiente al autor, sabe que debe interpretarse como una carta de amor a Edgar Allan Poe: esa visita a la galería pictórica que es la psique del artista, llena de cuadros cada vez más oscuros, cada vez más precisos en sus horribles pinceladas, hasta llegar a la Verdad Última. Ese punto de comunión íntima con el creador en el que se revela la horrible naturaleza de todo, la misma que Lovecraft conseguía atisbar en pesadillas y alucinaciones.

Por supuesto, el relato también es una introspección: el artista que, pese a tener aptitudes para pintar la belleza, decide plasmar “el terror de la vida”. Las alusiones a Henry Fuseli, Goya o Clark Ashton Smith, más allá de proporcionar referentes al lector, pueden ser la pista secreta de un cuento en el que el escritor parece más consciente que nunca de su misión (autoencomendada, como todas las que de verdad importan) de capturar, en una página en blanco, el horror cósmico de la noche y la impía mediocridad del día. Como San Juan de la Cruz en sombras, como una Santa Teresa de Jesús que vino del espacio: nombrar lo inefable, ordenar las letras de la manera correcta para, con suerte, describir instancias que están más allá de la palabra, que no han sido diseñadas para ella.

Cortesía del Emperador de los Helados !!