Théophile Gautier

La Muerte Enamorada (1836)

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“Porque te amo y deseo arrebatarte a tu Dios, hacia el que tantos corazones vierten ríos de amor, sin alcanzarlo jamás.”

Corre el año 1836. La narrativa gótica todavía lanza sus tentáculos por el mundo y su influencia es aún preponderante en la vida literaria de las grandes metrópolis. En los oscuros fumaderos de opio de París, muchos bien llamados “malditos” se sumergen en tristes y voluptuosas ensoñaciones. Charles Baudelaire prepara lo que sería su experiencia de vida al plantar las semillas de Las Flores del Mal (1857), mientras Théophile Gautier, su amigo personal, aún escribe a la manera heredada por el Romanticismo, cultivando un gusto por las costumbres de ciertas regiones ignotas, con especial énfasis en lo fantástico y lo irreal.

Théophile Gautier (Tarbes, 1811- Neuilly-sur-Seine, 1872) fue un vanguardista para su época. Amigo personal también de Honoré de Balzac y Víctor Hugo, pronto rechazó sus postulados románticos y se internó en la búsqueda de nuevas formas. Junto a Leconte de Lisle fundó el Parnasianismo, desde donde posteriormente también nacería el Simbolismo.

“La Muerta Enamorada” es un relato romántico donde la realidad y el sueño se confunden, y donde la vida y la muerte se mezclan, en la tenue frontera que, en ocasiones, las separa. En ella, el día y la noche, lo real y la ilusión, lo grotesco y lo sutil, la seducción y la repugnancia, se funden de manera imperceptible para dar a luz a la belleza.

A lo largo de estas páginas, Gautier desarrolla uno de los temas más recurrentes de su obra: el sueño. Lo que sucede en la vigilia y en el sueño del perturbado sacerdote son siempre acontecimientos absolutamente distintos y contradictorios. La confusión de la existencia del protagonista entre lo real y lo soñado lo arrastran prácticamente a la locura, hasta el punto de no saber si es un generoso sacerdote que cada noche sueña con ser un galán señor de la más hermosa y fascinante mujer o si, por el contrario, es un joven que se entrega a los placeres y que sueña que es un mortificado sacerdote.

Cortesía de Fabulantes y Dinora94 !!

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Thomas Ligotti

 

La Conspiración Contra la Especie Humana (2010)

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“El propio universo como algo carente de centro y a nuestra especie como una mera mancha de materiales orgánicos a merced de fuerzas que no nos conocen”

¿Cuál es realmente la verdadera conspiración contra la raza humana? ¿La aparición de fuerzas tenebrosas que buscan aniquilarnos? ¿El plan de un demiurgo o demonio que busca barrernos de la faz de la existencia? Nada de eso. La conspiración contra la raza humana propuesta por Ligotti es otra, más retorcida y abismante de comprender y asimilar.

No es exagerado afirmar que existen ciertos libros, como ciertas imágenes o situaciones, que estarían mucho mejor fuera de nuestro alcance. Así como hay obras de arte catalizadoras, que cumplen una función acotada para su receptor (entretenimiento, divulgación científica, erotismo, etc.), hay otras que parecen soltarnos ciertas amarras, descolocar algunos mecanismos internos, o dicho sucintamente, trastornarnos, provocarnos insomnio, vértigo hipnótico o incluso brotes psicóticos. La conspiración contra la raza humana no sólo es una obra atípica, que aúna ensayo con filosofía y literatura, sino que se cimienta en una idea muy poco sana: la verdadera conspiración contra la raza humana no es un ataque orquestado en contra de ella, sino que es el vitalismo que nos impulsa a reproducirnos y a seguir permaneciendo vivos, colectiva e individualmente, lo que conspira contra nosotros. Es decir, que para Ligotti, y otros pensadores que va citando a lo largo de la obra (Mainländer, Weininger, Cioran y en especial Wessel Zapffe, a quien la obra le va dedicada), la humanidad, como toda especie viviente vegetal o animal, por culpa de múltiples obstáculos no ha logrado concluir su ciclo, que no es otro que su extinción total. Fuera de la humanidad no hay esencias ni dictados programáticos, ni nada que pudiera hacernos creer que estamos en A, para llegar a C, no sin antes pasar por B. Es decir, no existiría ningún precepto matemático, divino o metafísico para ordenarnos a que tengamos que reproducirnos.

En ningún momento Ligotti nos propone la idea de un suicidio individual o colectivo, tampoco busca erigirse como un paladín de lo nefasto y lo repelente, y menos propugnar por un regreso al nihilismo, más bien lo que hace —y lo hace con una maestría que horroriza— es meternos el miedo en zonas sagradas y altamente ideologizadas que pueblan nuestra mente, preceptos que aprendimos en nuestra más tierna infancia, y que hemos ido asimilando inconscientemente durante nuestro desarrollo y madurez. Ligotti es un terrorista mental. Lo que hace es desmontar todo aquello en que creemos, como si fuera un juguetero siniestro y nosotros nada más que tétricas marionetas creadas sin razón alguna. En este “desmontaje de ideas”, de la mano de Peter Wessel Zapffe utilizando su peculiar ensayo “El Último Mesías”, cuatro serían las principales razones vitales para no desmadrarnos y lanzarnos de cabeza al abismo de la nada; la mera ignorancia, el epicureísmo, la fuerza y el carácter y la misma debilidad. Porque precisamente es la acumulación del conocimiento, y su acumulación sistemática, lo que nos ha ido convirtiendo en una especie cada vez más anciana, y a su vez menos sensible y deslumbrada ante la magia de la existencia. Ha finalizado nuestra infancia, hemos dejado atrás nuestra adultez, y en nuestra ancianidad, hay cosas que no podemos dejar de obviar. En el fondo hemos salido de la caverna y al parecer lo que hemos visto ahí afuera no guarda mucha proporción con nuestros anhelos.

Podemos no estar de acuerdo con ninguna idea planteada por Ligotti, y aún así, La conspiración contra la especie humana, se yergue como un documento único, una suerte de enciclopedia de la verdadera literatura maldita, estableciendo conexiones entre grandes autores del género, y cuáles han sido sus particulares hallazgos. Desfilan por sus páginas, además de los ya citados, otros autores que si bien no horadaron el tema del terror, sí, se aproximaron al describir la pesadilla del existir, tales como Topor, Tolstói, Kafka, Radcliffe, Zweig, Conrad y otros, agrupados en unidades temáticas como el fanatismo religioso, el culto a la muerte, lo sobrenatural en nuestras vidas, o la constitución del ello y el yo.

Cortesía de El Lector Estepario !!

Albert Camus

El Extranjero (1942)

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“Un mundo sin amor es un mundo muerto, y que al fin llega un momento en que se cansa uno de la prisión, del trabajo y el valor, y no exige más que el rostro de un ser y el hechizo de la ternura en el corazón.”

Esta obra tiene como referencia omnipresente a Meursault, su protagonista, a quien una serie de circunstancias conduce a cometer un crimen aparentemente inmotivado. El desenlace de su proceso judicial no tendrá más sentido que su vida, corroída por la cotidianidad y gobernada por fuerzas anónimas que, al despojar a los hombres de la condición de sujetos autónomos, los eximen también de responsabilidad y de culpa. Representa la visión existencialista perfecta, dado que Meursault es tal como quiere ser, o más bien es lo que es, es su propia esencia en un mundo de falsas esencias. Corroborando así el título de la obra, el protagonista es un extranjero en nuestro mundo, distinto, paria e indiferente de las circunstancias.

Publicada en 1942, en pleno fragor de la Segunda Guerra Mundial, El Extranjero se nutre de toda la fuerza del absurdo que regía las vidas de los europeos en aquellos años. Pero no se queda ahí. Porque Mersault además de ser un «héroe del absurdo», es también el vivo retrato de lo que cada uno de nosotros tenemos de solitarios, de náufragos, de desorientados, de seres que nos sabemos condenados a muerte.

Camus dio forma con este insípido drama al desencantado estado de ánimo del hombre del siglo XX. Nada le llama la atención ni le apasiona. No cree en la comunidad, ni en la política, ni en la religión. Su dramático atractivo es su persistente indiferencia. Para Meursault, nada tiene importancia, pues su vida no tiene sentido. Su desidia puede ser la del hombre del siglo XX que no acaba de encontrar su sitio en el mundo y que desconfía de las grandes ideologías redentoras. En su apático desdén existencial reside su atractivo, también literario.

«Yo sólo sé que el hombre muere y no es feliz», dirá el escritor tratando de explicar sus propias limitaciones cognitivas… y, de paso, las de los demás. El extranjero ofrece un retrato del hombre moderno atrapado en una existencia que no controla ni dirige. Por ello nos es tan fácil entenderlo. Como nos es fácil entender al Camus que, frente a los valores vacíos de una burguesía reprimida y represora, defendía la “libertad absurda”. La única de la que tenemos una constancia clara de que existe.

Albert Camus lo tenía claro, él no escribía para contarnos una historia sin más. Él escribía para dejarnos pensando porque según él: “El otoño es una segunda primavera en que cada hoja es una flor. Una novela no es otra cosa que una filosofía puesta en imágenes”. A fin de cuentas no hemos dejado de ser extranjeros de paso en este mundo.

Cortesía de La Voz de Galicia, Nueva Revista y Un Libro, Un Cafe !!

Fernando Pessoa

 

Libro del Desasosiego (1935)

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“La vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo. No se a donde me llevará, porque no se nada. Me siento a la puerta y embebo mis ojos en los colores y en los sonidos del paisaje, y canto lento, para mí solo, vagos cantos que compongo mientras espero.”

El Libro del desasosiego nació en 1913 y Pessoa trabajó en él durante toda su vida. La composición presenta dos fases de escritura: la primera iría de 1913 a 1920 y la segunda de 1929 a 1934. Cada una de las etapas es asignada por Pessoa a un autor diferente. Primero a Vicente Guedes y posteriormente a Bernardo Soares. Entre ambas un intervalo que a día de hoy continúa siendo un misterio para los investigadores.

Ésta es una obra inacabada e inacabable: un universo entero en expansión cuya pluralidad (literaria y vital) es infinita. Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libros de contabilidad en la ciudad de Lisboa, autor ficticio de este libro, es, según Pessoa, «un semi-heterónimo, porque, no siendo mía la personalidad, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella».

El Libro del desasosiego no es la novela de la vida de Bernardo Soares, lo que a éste le sucede en el día a día apenas tiene lugar en el libro, ni es, tampoco, solamente su diario personal, sino que es un compendio de reflexiones sobre la vida, la filosofía, la literatura, la soledad, el arte de escribir…, que acaban por formar una perspectiva muy acertada, adecuada y perfectamente transpolable a la actualidad del hombre postmoderno.

En estos textos Soares nos explica, entre otras cosas, su incapacidad para vivir, y su teoría de que él vive hacia adentro, porque sus sensaciones son su verdad, mucho más puras y reales de las del hombre vulgar, cuyos sentimientos, por ser “reales“, son menos intensos que los suyos imaginados.

Para entenderlo mejor, pondré un ejemplo: un hombre se enamora de una mujer, pero en realidad se enamora de la idea que tiene de la mujer, puesto que no la conoce del todo. Cuando el hombre entabla una relación con la mujer y pasa de estar idealizada a ser real, el amor ya no es tan puro, o no es amor tan intenso como el del principio. Porque la mujer no es perfecta, tiene defectos, y el amor se convierte en cariño o en algo distinto. Por eso Bernardo Soares prefiere no amar a nadie en la vida real, si no sólo en la imaginación, para vivir un amor más intenso y puro que no se verá contaminado de esas dosis de realidad que bajan del pedestal a las personas que amamos y que desvirtúan el sentimiento.

Este ejemplo lo extrapola a todo: Bernardo Soares no tiene amantes, ni amigos, sólo algún conocido que hace posible la publicación de su libro. Sus novias son mujeres inexistentes, sus amigos son muchos, y los visita, pero sólo en sus ensoñaciones, y viaja sólo con la imaginación. Mientras tanto, el tedio (y el desasosiego) ocupan su vida real de ayudante de tenedor de libros.

El lector, enfrascado en esta lectura, puede abandonarse al acto puro del sentir, en el cual se toma conciencia del abandono de la conciencia y del pensar, hasta llegar a un punto en el que, únicamente, el sentir se siente. Sintiendo como propias las angustias existenciales de Bernardo Soares, se siente, en lo más profundo del ser, su desapego a la vida y, al sentirlo en nosotros, lo vamos interiorizando.

El libro nos intercede directamente y nos narra sentimientos que todos hemos llegado a experimentar, sensaciones, nada excepcionales, que son totalmente comunes a la mayoría de las personas. Por ello lo fascinante de la obra no es lo que en ella se expresa, puesto que los sentimientos que transmite Soares son de lo más común, sino que lo fascinante, lo genial, de esta obra pertenece a la forma con que dichos sentimientos están expresados: el libro susurra y tiene una voz melodiosa, pausada y armónica; una voz que respira con cadencia, una voz que precisa ser leída en voz alta para poder ser gozada en su plena musicalidad y belleza, una voz que juega con las comas y los puntos, para dotar de un ritmo poético a la prosa.

Cortesía de Un Libro Abierto, Ratitas de Biblioteca, Acantilado y Revista de Letras !!

Arthur Machen

 

La Novela del Polvo Blanco (1895)

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“Mi antigua concepción del universo ha sido barrida y ahora estoy en un mundo que me parece tan extraño y atroz como las infinitas olas del óceano vistas por vez primera, en todo su resplandor, desde un pico de Darién. Ahora sé que las barreras de los sentidos, que parecían tan impenetrables, que parecían elevarse hasta el cielo y hundir sus cimientos en las profundidades, encerrándonos para siempre, no son tan infranqueables como imaginábamos, sino delgados y étereos velos que se esfuman ante el investigador y se desvanecen como la primera bruma matutina que se eleva de los arroyos.”.

Las historias de Machen resucitan un saber olvidado por la mayoría de los hombres que parece necesario para la exacta comprensión del mundo, aquel que evocan los mitos y libros sagrados y que aparece en la cultura a través de ceremonias y rituales. El misterio insondable que nos envuelve es una realidad oculta según Machen, quien a través de sus relatos nos intenta desvelar esa naturaleza feérica.

En sus relatos Machen imprimiría con fervor de poeta su particular visión del mundo a la que no privó ni un instante de su propio pasado galés. Nacido en Caerleon-on-Usk, un enclave en tierras galesas y punto de encuentro de historia y fantasía; que supondría uno de los principales acicates del autor a la hora de escribir gracias a su trasfondo de leyendas celtas y ruinas abandonadas en agrestes campos. Este aire de ensoñación romántica encontraría un singular compañero de viaje en el agitado fin de siécle y años posteriores, bullente época donde la confianza en la Razón como único modo de aproximación al conocimiento verdadero da paso a ciertas dudas sobre sus fundamentos.

El galés fue el primero en buscar el horror y el misterio “en un pasado bárbaro y terrible que aún acecha en las profundidades”. En sus relatos la duda y la incertidumbre del lector, van diluyéndose conforme avanza la narración, tejida mediante una atmósfera que se va haciendo palpable y visible como una niebla espesa, dejando hueco a un desasosiego real, ya no onírico o de simple sugestión. Es el Magnum Secretum el que atrae a Machen, el que inflama las páginas de sus relatos. Más allá del velo negro yace un mundo cuyo único recuerdo es la alegoría, la explicación inexplicable, inasible, que sólo aquel con ojos y mente inquieta puede desentrañar.

En La Novela del Polvo Blanco, el objeto de interés del bardo de Caerleon-on-Usk no son las capas de la mente, sino las de la propia humanidad. Machen, acuñando por el camino lo que los anglosajones denominan folk horror, nos lleva a centurias pasadas desde una perspectiva intelectual claramente aguda, una en la que los protagonistas de la narracion tratan de desentrañar sin prejuicios hechos y experiencias que dan por cerrados los científicos de su contemporaneidad.

El proceso de degeneración del protagonista da muestras del genio de Machen al identificar con una imagen poderosa e icónica la incapacidad del cuerpo para procesar la sustancia con la incapacidad de la ciencia, según la voz del relato, para admitir y estudiar frontalmente ciertos hechos ocultos por el tiempo y la tierra. Lo que ahora yace como historia corrupta, cuentos de hadas, baladas y canciones para aterrorizar a los niños, fue en una ocasión verdad tangible.

Cortesía de Fabulantes y El buscador de Tusitalas !!

Jean Paul Sartre

 

La Nausea (1938)

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“La Náusea se ha quedado allá, en la luz amarilla. Soy feliz, este frío es tan puro, tan pura la noche; ¿no soy yo mismo una onda de aire helado? No tener ni sangre, ni linfa, ni carne. Deslizarse por este largo canal hacia aquella palidez. Ser sólo frío.

… Ahora me deslizo despacito al fondo del agua, hacia el miedo.”

Hay libros que nos dejan una especie de incómoda desazón, una sensación como de insuficiencia. Pareciera que sólo hubiéramos conseguido arañar su superficie y no llegar al corazón de la obra. Uno se consuela con el pensamiento de que, al menos, algo del conocimiento que intentan transmitir se nos haya adherido de alguna manera inconsciente, como se adhiere el polen a las alas y a las antenas de las abejas. La Náusea quizá sea uno de estos libros.

Pesa en él la certidumbre de un conocimiento trágico del sentido de la existencia humana, del absurdo del destino de los hombres, y todo se configura lentamente, casi a escondidas, en un ambiente oscuro, extraño, a menudo marcadamente kafkiano. Sus personajes remiten continuamente nuestra memoria a aquellos que rodean al agrimensor en El Castillo.

Cuando en un momento dado Roquentin, el protagonista, decide abandonar el estudio histórico al que ha dedicado los últimos años de su vida, anota en su diario, desolado: “Martes. Nada. He existido”. La existencia es vacío, existimos de la misma manera que existen las raíces de los árboles o los bancos de un parque. Existir no es ser, sino únicamente estar.

Cortesía de Mgregorovius !!

Edgar Allan Poe

 

El Barril de Amontillado (1846)

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“No sólo debía castigar, sino castigar con impunidad. No se repara un agravio cuando el castigo alcanza al reparador, y tampoco es reparado si el vengador no es capaz de mostrarse como tal a quien lo ha ofendido.”

El barril de Amontillado es uno de los cuentos más característicos del poeta y narrador norteamericano Edgar Allan Poe, maestro entre los más destacados de la literatura imaginativa. Incluido en las Narraciones extraordinarias, recopilación cuyo título es debido a Baudelaire (magnífico traductor de Poe al francés y su más decidido admirador), el cuento nos presenta la horrible venganza (largamente meditada) que lleva a término el personaje principal, que es también el narrador de la historia.

El “efecto único” e impresionante que Poe perseguía con sus relatos alcanza aquí un altísimo nivel, y la fantasía abre cauce perfecto a la sensibilidad monocorde y a la arrolladora fuerza elemental de su genio, “alucinante, entregado a las angustias del terror y a las mortales agonías”, como escribió Barbey d’Aurevilly.

Cortesía de Biografias y Vidas !!