Fear And Loathing In Las Vegas (1998)

Fear And Loathing In Las Vegas (1998)

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La película “Fear and loathing in Las Vegas” muestra de manera profunda y desgarrada las consecuencias del cambio sociocultural en norteamericana al terminar la guerra de Vietnam, y la eclosión de las drogas como mecanismo de evasión a la situación de desasosiego y falta de adaptación que supuso tales acontecimientos. Exhibe el viaje de liberación y degradación humana de Raoul Duke (Jonnhy Depp) y de su histriónico abogado el Dr.Gonzo (Benicio del Toro) hacia las Vegas, filmado al estilo de road-movie.

Éste es el tipo de película que puede generar en el espectador una de dos respuestas: repulsión absoluta ante el aparente rechazo por toda moralidad convencional, o aceptación total de la idea de que la percepción que tengamos de las cosas es completamente subjetiva y por lo tanto, válida para todas las personas.

Johnny Depp y Benicio del Toro tienen la casi imposible tarea de actuar en escenas que no obedecen a lógica alguna, y que los transforma de héroes a villanos varias veces y sin previo aviso. Los múltiples cameos de reconocidos actores y actrices podrían parecer caprichos del director, pero de hecho, en el torbellino de imágenes y narración sirven como puntos de apoyo; salvavidas temporales para devolvernos la perspectiva de las acciones que hemos presenciado.

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“Don’t worry, he’s just admiring your skull”

“Fear and Loathing in Las Vegas” es un valiente experimento fílmico que barre con nuestras nociones de narrativa y moralidad y trata de reemplazarlas con una escala diferente. Quien esté dispuesto a aceptar esto, no se arrepentirá de haberla visto.

Hunter S. Thompson, periodista y escritor estadounidense, creó el “periodismo gonzo” allá por 1970 siendo columnista de la Rolling Stone. El gonzo vino de la mano del “movimiento beat” y del “nuevo periodismo”, corrientes literarias de vanguardia de los años ‘50 y ’60 que abogaban por una escritura libre y desinhibida. De manera resumida el periodismo gonzo plantea un abordaje directo del objeto (la noticia), llegando hasta el punto de influir en ella, y convirtiendo al periodista en parte importante de la historia, como un actor más; al estar inmerso en la realidad que observa, suele retratar también el entorno social que rodea a los acontecimientos, con juicios de valor y elementos más literarios que periodísticos.

La novela “Pánico y locura en Las Vegas: un viaje salvaje al corazón del sueño americano” es el resultado de un viaje que Hunter hizo en 1971 con su socio Oscar Zeta Acosta, célebre abogado y activista chicano, para cubrir la carrera de motos “Mint 400” en Las Vegas. Como él mismo manifestó, su idea era “comprar un cuaderno gordo y tomar nota de todo tal como fuera sucediendo, y luego enviar el cuaderno directamente a publicar, sin ningún tipo de edición.” Pero debido a la dificultad de este periodismo espontáneo (teniendo en cuenta las condiciones del viaje) Thompson escribió lo ocurrido al finalizar dicha experiencia, en forma de capítulos, con un estilo esencialmente ficticio y que se irían publicando en la Rolling Stone.

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“Don’t fuck with me, I’m Ahab…”

Estos eventos, sin embargo, son de importancia muy secundaria pues ambos personajes se encuentran en un frenesí de abuso de drogas y alcohol tan violento que hace que todo pase a segundo plano. Todos los eventos que los rodean son vistos difusamente por su alterada percepción, y la mayor parte del diálogo en la película se da en forma de narración, por medio de la cual “oímos” los pensamientos del reportero en su intoxicante recorrido. Como resultado, la película, más que seguir una historia coherente, se descompone en una variedad de viñetas donde vemos y oímos la torcida percepción que los personajes tienen de ciertos eventos.

Pasemos ahora a la época que representa el film: fines de los ’60, principio de los ’70. Psicodelia que se ve en el vestuario, la música (bandas como Big Brother & the Holding Company, The Yardbirds, Jefferson Airplane), el consumo de drogas, la iluminación y decoración de las locaciones. Y qué locación Las Vegas, llena de colores, luces, ritmo, ruidos y sueños que nunca se van a cumplir. O tal vez sí. Eso se pregunta el doble de Hunter Thompson en su Cadillac, mientras trata de cubrir “a lo gonzo” una carrera de motos en esa imponente ciudad, dueña y promotora del consumismo y el “sueño americano”. El Doctor Gonzo y su compañero van en busca de este sueño, en cierto sentido, para descubrir que ya no existe, que es sólo una construcción falaz. Hay también una fuerte crítica a la guerra de Vietnam. De principio a fin, la guerra se hace omnipresente.

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No quisiera olvidarme de la bandera yanqui que la dupla explosiva lleva a todos lados como símbolo de su patriotismo (quizás hasta irónicamente). La flamean en el descapotable, la usan de toalla en la playa, de cortina, sábana y mantel en el hotel; la usan hasta dejarla agujereada, sucia, deshilachada. Aparece, entonces, no como símbolo de la patria sino de lo que sus gobernantes hicieron con ella. Es el ocaso de una nación de igualdad de libertades y oportunidades, el canto final y nada heroico del sueño americano y de lo que alguna vez fue su contrapartida: los hippies y su cultura.

Raoul Duke no quiere perder la energía de los ’60 pero tropiezan con la droga y la violencia, y los congresos de policías destinados a erradicarlos. Es por eso que Raoul, al despertar en una habitación destrozada y teniendo que recurrir a su grabadora para construir el rompecabezas de una elipsis mental, lanza una reflexión refulgente en lo que será el final de la película: “Ahora estamos programados para sobrevivir. Se acabó la energía vital de los ’60. Ésa fue la falla mortal de Timothy Leary. Dio tumbos por todo el país, dando sermones de conciencia, sin jamás haber considerado las realidades sombrías que aguardaban a aquellos que lo tomaban en serio. Todos esos ávidos de ácido que creían que la lucidez y la paz se lograban con $3 de droga. Pero nosotros también hemos fracasado. Lo que se desplomó junto con Leary fue el ilusorio estilo de vida que él había ayudado a crear. Una generación de inválidos, de pioneros fracasados que nunca comprendieron la falacia esencial de su cultura: la triste hipótesis de que alguien, o alguna potencia al menos, estuviese velando la luz al final del túnel.”

No se trata tanto de la historia sino de la manera de contarla, y de la crítica subyacente en ella. Y es que Hunter S. Thompson “siguió ahí, persiguiendo ese sueño, buscándolo con furia, deseando que el sueño todavía existiera, y todo lo que encontró fue locura en cada dirección, tragedia, avaricia, miedo y asco.

Cortesía de La Butaca, Aloha Criticon y Taller Críticas de Cine !!

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Dirección: Terry Gilliam.
Intérpretes: Johnny Depp, Benicio del Toro, Ellen Barkin, Gary Busey, Cameron Díaz, Tobby Maguire, Christina Ricci.
Producción: Laila Nabulsi, Patrick Cassavetti, Stephen Nemeth.
Guión: Tod Davies, Tony Grisoni, Alex Cox, Terry Gilliam, sobre la novela de Hunter S. Thompson.
Fotografía: Nicola Pecorini.
Montaje: Lesley Walker.
Diseño de producción: Alex McDowell.

A Field In England (2013)

A Field In England (2013)

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El último trabajo del inglés Ben Weathley se trata de un film de estilo totalmente libre, que evita seguir una línea clara y que no se apoya en su peculiar argumento, sino en su realización y la forma como consigue transmitir determinadas sensaciones.

A Field in England se desarrolla durante la Guerra Civil Británica del siglo XVII. Todo sucede en prácticamente un mismo espacio y aunque se supone que los personajes se dirigen a una posada a beber unas cervezas, uno ya tiene la sensación de que jamás llegaremos a ver esa posada. La cámara se integra a la perfección en el paisaje y se pasea libremente entre los personajes uniéndose a ellos.

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“El pensamiento es una enfermedad sagrada, y la vista un engaño”

La búsqueda de un tesoro. Con esta simple premisa, caminaremos y caminaremos durante largos minutos, pero ese tesoro no tesoro, echará a andar mucho antes de que nosotros nos demos cuenta y para entonces, Weathley nos habrá disparado infinidad de veces hasta hacernos caer expuestos a cualquier muerte digna del mejor final enfermizo y bizarro. Y es que no es hasta pasada la mitad de la cinta, si seguías subido al carro, cuando empezamos a darnos cuenta de que somos uno más de estos guerrilleros en busca también de una cerveza que nunca llegará, pero lo más grave, es que seremos participes también de terribles y trágicos sucesos perjudiciales para la mente.

Weathley, en el tramo final, principalmente, hace un despliegue en plan animal de cualidades cinematográficas como cualquier maestro de este arte, seduciéndonos con un poderío visual y sonoro apabullante, e impregnándonos más aún, de la alucinante y malsana droga que baña todo su trabajo de principio a fin. Más entendible o no (eso cada uno se la masca como sepa o quiera), esta propuesta inclasificable es tan bella como arriesgada. Tan enigmática como sugerente. A Field en England no se anda con medias tintas y tienta a todo espectador a un viaje hasta ahora desconocido y terriblemente seductor.

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“Open your mouth and let the devil In”

Ciertamente no es una película para todos los gustos, pero creo que es una obra más que interesante y a la que merece la pena darle un visionado dejándose llevar por su estilo tan particular. Es sin duda una de esas películas que al acabar, uno tiene la sensación de no haber entendido del todo, pero cuyas poderosas imágenes y su peculiar estilo se mantienen en la retina del espectador por bastante tiempo.

Cortesía del Gabinete del Doctor Mabuse y Cine Friki Terror !!

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Ficha Técnica:

Director: Ben Wheatley
Guión: Amy Jump, Ben Wheatley
Música: James Williams
Fotografía: Laurie Rose (B&W)
Reparto: Julian Barratt, Michael Smiley, Reece Shearsmith, Ryan Pope, Richard Glover, Peter Ferdinando

Begotten (1991)

Begotten (1991)

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Una experiencia subjetiva que apela directamente a las vísceras y al subconsciente. Las imágenes nos atraviesan y no estamos seguros de si hemos visto lo que creemos haber visto, ni siquiera sabemos cómo se han formado en la córnea imágenes que jamás han aparecido en el film. Nunca percepción y observación han estado tan sutilmente separadas en el cine. Begotten es un film a palpar.

A nivel argumental, podría decirse que es una interpretación sobre el ciclo de creación, muerte y regeneración del Mundo que tanto la naturaleza, como dioses y humanos llevamos a cabo en el tiempo mítico. Begotten es humus del caos, una invitación descarnada e irresistible a la especulación.

Con maestría, E. Elias Merhige dota a su film de un aura mística a través de capas de abstracción que impone desde el montaje (descansado, en detrimento de los movimientos espasmódicos de los actores a 20 cuadros por segundo), una banda sonora totalmente carente de música y diálogos y una fotografía que merecería un análisis aparte, pero que a grandes rasgos podría resumir de impactante blanco y negro sub o sobreexpuesto, con fantásticos toques de negativos en superposición y un granulado tan expresivo que se hace tumor en la retina.

En sus mejores momentos, Begotten provoca las mismas sensaciones de hiperrealidad que todos hemos experimentado en alguna noche febril: lo que percibimos está amplificado, distorsionado, cobra una quinta dimensión y se vuelve torturante a la vez que cautivador descubrir la fuente de esta invasión íntima a la que la razón no puede filtrar de ningún modo. Merhige utiliza la lógica y la estética del sueño febril para volvernos el estómago de adentro hacia fuera y aún así, nos obliga a mantener la mirada fija en la pantalla sin pestañear un segundo… como aquél que no puede apartar los ojos de un horrible accidente de coches en la carretera.

Las consecuencias de este film pueden ser fantásticas como desastrosas, pero como toda consecuencia sólo puede evaluarse en retrospectiva. Lo cierto es que los efectos secundarios de este indescriptible viaje llamado Begotten dejarán resaca durante varios días.

Cortesía de Mad Actions !!

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Ficha técnica
Dirección: E. Elias Merhige
Guión: E. Elias Merhige
Productores: E. Elias Merhige
Director de Fotografía: E. Elias Merhige
Dirección de Arte: Harry Duggins
Sonido: Evan Albam
Actores: Brian Salzberg | Donna Dempsey | Stephen Charles Barry

Woodstock: 3 Days of Peace and Music (1970)

 

Woodstock: 3 Days of Peace and Music (1970)

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Tal día como hoy, un 15 de Agosto de hace cuarenta y cuatro años, se celebraba en pleno apogeo del movimiento hippie el festival de Woodstock 69, un hito sin precedentes en la historia del rock que significó algo más que música. Las banderas pacifistas ondeaban al viento, factores como las protestas contra la guerra del Vietnam, formaban parte de la realidad cotidiana e impregnaban el ambiente de tensión y nerviosismo, en una época políticamente cargada. Y de una manera instantánea, Woodstock se convirtió en un canto a la paz, al amor y a la solidaridad.

Gracias a Woodstock, la humanidad se concienciaba que de algún modo, el mundo tenía que cambiar y que ya estaba exhausta de conflictos bélicos e injusticias que atentaban contra los valores tradicionales de su sociedad y cultura. A nuestro juicio, Woodstock fue su voz. Fueron tres días inolvidables de paz y música que marcaron a fuego la identidad de toda una generación… el resto ya esta escrito en los libros de historia.

Así se gestaba este macro concierto de dimensiones desproporcionadas, durante tres días consecutivos 15, 16, 17 y la madrugada del 18 de Agosto de 1969, una brillante constelación de estrellas musicales se daba cita en aquel barrizal de lodo y fango, para iluminar el firmamento a través de un arte al que conocemos como rock and roll.

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La organización, corrió a cargo del ejecutivo discográfico Artie Kornfeld y Michael Lang, unos jóvenes productores que apenas rondaban los 25 años y que tenían la idea de construir un estudio de grabación, que finalmente desembocó en un festival de música y artes. Respondieron a un anuncio publicado por John P. Roberts y Joel Rosenman en el New York Times… y ni por un instante, se imaginaban la repercusión que Woodstock tendría años después.

Curiosamente, este mítico festival nunca se realizó en el territorio de Woodstock, simplemente tomaría su nombre, ya que los habitantes de esta localidad se opusieron totalmente a la organización del evento y les obligaron a trasladar el escenario. Finalmente, se celebró en una granja lechera de Bethel propiedad de Max Yasgur, situada a 69 km, en el estado de Nueva York. Artie Kornfeld y Michael Lang alquilaron el terreno por 50.000 dólares.

Económicamente, Woodstock fue un rotundo fracaso y la organización del festival solamente obtendría beneficios en años venideros, gracias a la gran cantidad de material recopilatorio, películas y álbumes relacionados con lo que allí sucedió.

Uno de los más famosos es el documental “Woodstock: 3 Days of Peace & Music” (1970), dirigido por Michael Wadleigh y montado por Martin Scorsese, lo estrenaron al año siguiente de Woodstock e incluso ganó un premio Oscar. Destacado, el film de 2009 “Taking Woodstock” dirigida por Ang Lee.

Tiempo después, se repetirían ediciones de Woodstock, como la del 1979, 1989, 1994 y 1999. Pero ninguna como la de 1969, la primera, única e irrepetible.

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Muchos de los artistas que tocaron en Woodstock eran músicos ya consagrados en aquellos tiempos, a otros como Joe Cocker o Santana, les sirvió para proyectarse hacia el estrellato del rock gracias a la fama mundial que este evento adquirió. Hasta la fecha, tanto Joe Cocker como Santana jamás habían participado en un festival de estas características.

Realmente interesante, fueron los datos que se aportaron acerca de los artistas que fueron invitados y que por diferentes circunstancias no asistieron a Woodstock. Serían ilustres ausencias como la de Frank Zappa, que se negó porque “había mucho barro en Woodstock”, Los Doors, inicialmente confirmaron su presencia, pero al final lo valoraron como “una versión reducida del “’Monterey Pop Festival”, los Led Zeppelin se encontraban de gira, al margen de comentar que les parecía lo que iba ser un “pequeño festival”, entre otras destacadas declinaciones como las de Bob Dylan, Byrds, King Crimson, The Beatles, The Jeff Beck Group, Spirit, The Moody Blues, Joni Mitchell o Jethro Tull. Casualidades de un destino, que decidió que estos artistas no apareciesen en Woodstock… pero no importó demasiado.

Un amplio número de músicos acudieron a Woodstock. Y aunque la mayor parte de actuaciones estuvieron a un excelente nivel, muchas de las bandas sufrieron diversos problemas técnicos y de sonido.

En los días previos al espectáculo, kilométricas caravanas de vehículos se agolpaban en las principales carreteras de acceso, dando lugar a atascos monumentales. Al margen de esto, se le unían las constantes quejas vecinales, los numerosos problemas para contactar con los artistas; la organización se vio desbordada, la comida fue insuficiente y las instalaciones sanitarias no eran aptas. En los medios de comunicación, a los periodistas se les ordenaba publicar opiniones desfavorables, resaltando solamente los puntos negativos referentes a la celebración de Woodstock… pero su llegada era ya inminente.

Aproximadamente, el áforo del festival estaba destinado a 250.000 personas, pero se calcula que fueron alrededor de 500.000 las que acudieron y se estima que 250.000 no pudieron llegar. Durante tres días muchos durmieron a la intemperie, otros en tiendas de campaña… y se vivieron intensas noches de sexo y drogas, en especial LSD y marihuana. Todo ello, con la música rock de fondo. Reinaba el caos y el descontrol, se derrumbó la valla de contención, oleadas de visitantes acceden al recinto sin abonar los 18 dólares que costaba la entrada, convirtiendo un evento que en un principio iba a ser de pago… ¡¡¡en gratuito!!!

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Llegó el Viernes 15 y a las 17:07 de la tarde, con el escenario situado al fondo de un lago, la apertura del festival corrió a cargo del cantante y guitarrista de folk estadounidense Richie Havens, con “I Can’t Make It Anymore” e interpretando unos memorables himnos mundiales “Strawberry Fields forever” y “Freedom”… apoteósico Richie Havens, poseedor de una gran personalidad. Sin duda, fue otra de las imágenes que Woodstock nos dejó para la posteridad.

Los Sweetwater, con sus psicodélicos “What’s Wrong” ,”Motherless Child” o “Two Worlds”.

Una silenciosa lágrima, cayó sobre Woodstock cuando Bert Sommers entonó su emotivo “Jennifer”.

Para el recuerdo colectivo, permanecerá la intervención de Country Joe McDonald, que hizo soñar y cantar a miles de personas al ritmo de su “I Feel Like I’m Fixin’ To Die Rag”, una de las proclamas en contra de la guerra del Vietnam más profundas del concierto… y otra de las canciones insignia del festival. Country Joe Mac Donald tocó sin su banda, los Fish, pero los versos de este tema quedarán marcados para siempre en la memoria del rock:

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“And it’s one, two, three, What are we fighting for?, Don’t ask me, I don’t give a damn, Next stop is Vietnam; And it’s five, six, seven, Open up the pearly gates, Well there ain’t no time to wonder why, Whoopee! We’re all gonna die.”

John B. Sebastian con “Rainbows All Over Your Blues”… y vestido con su peculiar camisa amarilla, todo un icono gráfico. Incluso se tomó su fotografía de espaldas para una portada.

Arlo Guthrie, el hijo del influyente músico de folk Woody Guthrie y mentor de Bob Dylan, con esas joyas como “Coming Into Los Angeles”, “Amazing Grace” y “Story about Moses and the Brownies”.

Tim Hardim con“If I Were a Carpenter”, “Simple Song Of Freedom” y “Speak Like A Child”.

El folk psicodélico de la Incredible String Band se reflejó en “When You Find Out Who You Are”, “Sleepers Awaken” o “Invocation”.

El músico indio Ravi Shankar, encandila con su música: “Raga Puriya-Dhanashri/Gat In Sawarital”, “Tabla Solo In Jhaptal”, “Raga Manj Kmahaj (AIap, Jor, Dhun In Kaharwa Tal)”

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El Sábado 16 fue el día de la lluvia, que convirtió aquel inmenso prado en un lodazal gigantesco. Pero no fue impedimento alguno para los Quill, Santana, Canned Heat, Mountain, Grateful Dead, Keef Hartley Band, Country Joe And The Fish, John B. Sebastian, Creedence Clearwater Revival, Sly & The Family Stone (uno de los mejores grupos negros del momento), Janis Joplin con su Kozmic Blues Band, The Who y Jefferson Airplane. Muchos de ellos tocaron empapados por el agua.

Increíble Santana, con su magnífico latin-rock y sus espléndidos “Soul Sacrifice”, “Evil Ways” o “Jingo”. Por aquella época, Carlos Santana solamente tenía publicado un disco y era prácticamente un desconocido en aquellos tiempos. Pero la colosal actuación que llevo a cabo, quedará escrita con letras de oro en la biblia del rock.

Janis Joplin, la diva del rock junto a sus Kozmic Blues Band en “Ball ‘n’ Chain”, “Kozmic Blues” o “Piece of My Heart.”. Dio toda una muestra de poderío con su desgarradora e imponente voz.

Con la mejor alineación de su trayectoria musical y llegados desde Los Ángeles, se presentaban los Canned Heat liderados por el “Oso” Hite a la voz, el genial Larry Taylor, uno de los mejores bajistas que ha dado el rock, acompañados por Alan Wilson y Harvey Mandel a las guitarras y Adolfo “Fito” De La Parra a la batería. Tocaron “A Change Is Gonna Come/Leaving This Town”, “Going Up the Country”, “Let’s Work Together”, “Woodstock Boogie” y “On the Road Again”.

La Creedence Clearwater Revival de John Fogerty regaló un buen abanico de clásicos: “Green River”, “Commotion”, “Bad Moon Rising” “Proud Mary” “I Put a Spell on You” o . “Born on the Bayou” entre otros…y todo el mundo estaba durmiendo…

Los Sly & The Family Stone, hicieron las delicias del público con su inconfundible estilo funky-soul en “Love City”, “Everyday People” o “Sing a Simple Song”, un glorioso “I’m going to take you higher” y un sin palabras “Stand!”.

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Un sobresaliente, a los estadounidenses “Mountain” con Felix Pappalardi al frente y el virtuoso guitarrista Leslie West, con “Southbound Train” y la sensacional “Blood of the Sun”. Y desplegaron toda su imaginería, reflejada en “Theme for an Imaginary Western”, composición del ex cream Jack Bruce.

El infortunio, cayó sobre los Grateful Dead. Woodstock pudo haber sido otro punto álgido en su carrera, pero su puesta en escena fue cortada cuando los amplificadores del escenario se sobrecargaron durante “Turn On Your Love Light”, ya que la lluvia inundó el escenario y corrieron serio peligro de descargas eléctricas, alcanzando algunas a Jerry García y Bob Weir. Por este motivo, no aparecen en la filmación. Anteriormente, interpretaron “St. Stephen” “Mama Tried”, “Dark Star” y “High Time”.

A los británicos The Who, les sorprendió el activista político Abbie Hoffman, que interrumpió la actuación del grupo para dar un discurso de protesta en contra del encarcelamiento de John Sinclair. Tocaron durante hora y media, enloqueciendo al público con sus clásicos: “I Can’t Explain”, “Tommy Can You Hear Me?”, “Pinball Wizard” o “My Generation” entre otros. Varios de ellos, procedentes de su ópera rock “Tommy”.

Originarios de California y uno de los máximos exponentes del “flower power”, los Jefferson Airplane aterrizaban en Woodstock con “Somebody To Love”, “Volunteers” o “White Rabbit”, entre otros hits y un gran blues “Uncle Sam’s Blues”.

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El Domingo 17, tuvo como protagonistas principales a los Joe Cocker and The Grease Band, Country Joe & The Fish, Ten Years After, The Band, Blood, Sweat & Tears, Johnny Winter, Crossby, Stills, Nash And Young, Paul Butterfield Blues Band, Sha Na Na y Jimi Hendrix.

De antológica, se puede clasificar la interpretación de Joe Cocker con “Feelin’ Allright”, “With A Little Help From My Friends” y “Let’s Get Stoned”. Joe Cocker fue la voz de Woodstock. Después de tocar, el cielo comenzó a rugir… y una tormenta eléctrica se cebó sobre Woodstock. Los rayos estuvieron a punto de alcanzar las estructuras metálicas que sostenían las luces y amplificadores y se suspendió el concierto varias horas. Pero no había nada que pudiese parar al rock.

Los canadienses The Band, una vez más nos obsequiaron con ese glorioso tema“The Weight”, todo un patrimonio cultural de la humanidad. El tejano Johnny Winter, acompañado de su hermano Edgar Winter en dos canciones, no dejarían indiferente a nadie con su “Mean Town Blues” y “Tobbaco Road”… ya había comenzado la leyenda del albino de oro.

Extraordinarios los Ten Years After, capitaneados por ese fenómeno de la naturaleza llamado Alvin Lee. No fue un domingo cualquiera, todavía hoy se recuerda su fantástica actuación con aquel soberbio “I’m Going Home”.

En todo su esplendor se pudo ver a Crossby, Stills, Nash and Young con el emocionante “Marrakech Express”, “49 Bye-Byes”, “Find the Cost of Freedom” o “Judy Blue Eyes”. Neil Young se saltó el pase acústico y evitó ser grabado durante el eléctrico.

La Paul Butterfield Blues Band, dejaba otra huella imborrable con su característico blues: “Everything’s Gonna Be Alright”, “Driftin’” “Born under a Bad Sign” “Morning Sunrise” y “Love March”.

En último lugar, le llegó el turno al dios de la guitarra Jimi Hendrix, ataviado con una chaqueta de flecos y apoyado por su banda Gypsy Sun and Rainbows, que clausuraban el festival deleitando con un magistral himno eléctrico” “The Star Spangled Banner”, en señal de protesta al comportamiento bélico del gobierno de los EEUU.

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Su legendaria actuación ante mucho menos público, se convirtió en el auténtico símbolo de Woodstock. Al parecer, se dice que fue Jimi Hendrix quien solicitó tocar el último. Imperecederas fueron sus improvisaciones, su asombrosa música de otra dimensión, sus maravillosas distorsiones con la guitarra…”Woodstock Improvisation”, “Villanova Junction”, “Voodoo Child (Slight Return)”, “Stepping Stone”, o “Purple Haze”.

A las 10:30 de la mañana del lunes 18, Jimi Hendrix tocó “Hey Joe”, el último tema que cerraba definitivamente el festival. Y con él se iban los tres días más transcendentales que vivió la historia musical contemporánea.

Así concluye la aventura musical más grandiosa que vio nacer el siglo XX, un evento multitudinario que atrajo a medio millón de personas unidas por la música y su deseo de paz para el mundo. Quiero creer, que encarnaron a la perfección un inmortal espíritu que después de cuarenta años, todavía perdura.

Arropados por las estrellas del rock and roll, únicamente armados con guitarras y poesía, mostraron su rechazo a la guerra. Leyendas eternas que en aquellos días elevaron la música al infinito, haciendo que la humanidad se estremeciese. Una experiencia única que jamás se volverá a repetir y que marcó el principio y el fin de una época. Y por supuesto, el despertar de una nueva conciencia.

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