Fear And Loathing In Las Vegas (1998)

Fear And Loathing In Las Vegas (1998)

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La película “Fear and loathing in Las Vegas” muestra de manera profunda y desgarrada las consecuencias del cambio sociocultural en norteamericana al terminar la guerra de Vietnam, y la eclosión de las drogas como mecanismo de evasión a la situación de desasosiego y falta de adaptación que supuso tales acontecimientos. Exhibe el viaje de liberación y degradación humana de Raoul Duke (Jonnhy Depp) y de su histriónico abogado el Dr.Gonzo (Benicio del Toro) hacia las Vegas, filmado al estilo de road-movie.

Éste es el tipo de película que puede generar en el espectador una de dos respuestas: repulsión absoluta ante el aparente rechazo por toda moralidad convencional, o aceptación total de la idea de que la percepción que tengamos de las cosas es completamente subjetiva y por lo tanto, válida para todas las personas.

Johnny Depp y Benicio del Toro tienen la casi imposible tarea de actuar en escenas que no obedecen a lógica alguna, y que los transforma de héroes a villanos varias veces y sin previo aviso. Los múltiples cameos de reconocidos actores y actrices podrían parecer caprichos del director, pero de hecho, en el torbellino de imágenes y narración sirven como puntos de apoyo; salvavidas temporales para devolvernos la perspectiva de las acciones que hemos presenciado.

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“Don’t worry, he’s just admiring your skull”

“Fear and Loathing in Las Vegas” es un valiente experimento fílmico que barre con nuestras nociones de narrativa y moralidad y trata de reemplazarlas con una escala diferente. Quien esté dispuesto a aceptar esto, no se arrepentirá de haberla visto.

Hunter S. Thompson, periodista y escritor estadounidense, creó el “periodismo gonzo” allá por 1970 siendo columnista de la Rolling Stone. El gonzo vino de la mano del “movimiento beat” y del “nuevo periodismo”, corrientes literarias de vanguardia de los años ‘50 y ’60 que abogaban por una escritura libre y desinhibida. De manera resumida el periodismo gonzo plantea un abordaje directo del objeto (la noticia), llegando hasta el punto de influir en ella, y convirtiendo al periodista en parte importante de la historia, como un actor más; al estar inmerso en la realidad que observa, suele retratar también el entorno social que rodea a los acontecimientos, con juicios de valor y elementos más literarios que periodísticos.

La novela “Pánico y locura en Las Vegas: un viaje salvaje al corazón del sueño americano” es el resultado de un viaje que Hunter hizo en 1971 con su socio Oscar Zeta Acosta, célebre abogado y activista chicano, para cubrir la carrera de motos “Mint 400” en Las Vegas. Como él mismo manifestó, su idea era “comprar un cuaderno gordo y tomar nota de todo tal como fuera sucediendo, y luego enviar el cuaderno directamente a publicar, sin ningún tipo de edición.” Pero debido a la dificultad de este periodismo espontáneo (teniendo en cuenta las condiciones del viaje) Thompson escribió lo ocurrido al finalizar dicha experiencia, en forma de capítulos, con un estilo esencialmente ficticio y que se irían publicando en la Rolling Stone.

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“Don’t fuck with me, I’m Ahab…”

Estos eventos, sin embargo, son de importancia muy secundaria pues ambos personajes se encuentran en un frenesí de abuso de drogas y alcohol tan violento que hace que todo pase a segundo plano. Todos los eventos que los rodean son vistos difusamente por su alterada percepción, y la mayor parte del diálogo en la película se da en forma de narración, por medio de la cual “oímos” los pensamientos del reportero en su intoxicante recorrido. Como resultado, la película, más que seguir una historia coherente, se descompone en una variedad de viñetas donde vemos y oímos la torcida percepción que los personajes tienen de ciertos eventos.

Pasemos ahora a la época que representa el film: fines de los ’60, principio de los ’70. Psicodelia que se ve en el vestuario, la música (bandas como Big Brother & the Holding Company, The Yardbirds, Jefferson Airplane), el consumo de drogas, la iluminación y decoración de las locaciones. Y qué locación Las Vegas, llena de colores, luces, ritmo, ruidos y sueños que nunca se van a cumplir. O tal vez sí. Eso se pregunta el doble de Hunter Thompson en su Cadillac, mientras trata de cubrir “a lo gonzo” una carrera de motos en esa imponente ciudad, dueña y promotora del consumismo y el “sueño americano”. El Doctor Gonzo y su compañero van en busca de este sueño, en cierto sentido, para descubrir que ya no existe, que es sólo una construcción falaz. Hay también una fuerte crítica a la guerra de Vietnam. De principio a fin, la guerra se hace omnipresente.

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No quisiera olvidarme de la bandera yanqui que la dupla explosiva lleva a todos lados como símbolo de su patriotismo (quizás hasta irónicamente). La flamean en el descapotable, la usan de toalla en la playa, de cortina, sábana y mantel en el hotel; la usan hasta dejarla agujereada, sucia, deshilachada. Aparece, entonces, no como símbolo de la patria sino de lo que sus gobernantes hicieron con ella. Es el ocaso de una nación de igualdad de libertades y oportunidades, el canto final y nada heroico del sueño americano y de lo que alguna vez fue su contrapartida: los hippies y su cultura.

Raoul Duke no quiere perder la energía de los ’60 pero tropiezan con la droga y la violencia, y los congresos de policías destinados a erradicarlos. Es por eso que Raoul, al despertar en una habitación destrozada y teniendo que recurrir a su grabadora para construir el rompecabezas de una elipsis mental, lanza una reflexión refulgente en lo que será el final de la película: “Ahora estamos programados para sobrevivir. Se acabó la energía vital de los ’60. Ésa fue la falla mortal de Timothy Leary. Dio tumbos por todo el país, dando sermones de conciencia, sin jamás haber considerado las realidades sombrías que aguardaban a aquellos que lo tomaban en serio. Todos esos ávidos de ácido que creían que la lucidez y la paz se lograban con $3 de droga. Pero nosotros también hemos fracasado. Lo que se desplomó junto con Leary fue el ilusorio estilo de vida que él había ayudado a crear. Una generación de inválidos, de pioneros fracasados que nunca comprendieron la falacia esencial de su cultura: la triste hipótesis de que alguien, o alguna potencia al menos, estuviese velando la luz al final del túnel.”

No se trata tanto de la historia sino de la manera de contarla, y de la crítica subyacente en ella. Y es que Hunter S. Thompson “siguió ahí, persiguiendo ese sueño, buscándolo con furia, deseando que el sueño todavía existiera, y todo lo que encontró fue locura en cada dirección, tragedia, avaricia, miedo y asco.

Cortesía de La Butaca, Aloha Criticon y Taller Críticas de Cine !!

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Dirección: Terry Gilliam.
Intérpretes: Johnny Depp, Benicio del Toro, Ellen Barkin, Gary Busey, Cameron Díaz, Tobby Maguire, Christina Ricci.
Producción: Laila Nabulsi, Patrick Cassavetti, Stephen Nemeth.
Guión: Tod Davies, Tony Grisoni, Alex Cox, Terry Gilliam, sobre la novela de Hunter S. Thompson.
Fotografía: Nicola Pecorini.
Montaje: Lesley Walker.
Diseño de producción: Alex McDowell.