Fernando Pessoa

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Fernando Pessoa

(Lisboa, 13 de junio de 1888 – Lisboa, 30 de noviembre de 1935)


Libro del Desasosiego (1935)

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“La vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo. No se a donde me llevará, porque no se nada. Me siento a la puerta y embebo mis ojos en los colores y en los sonidos del paisaje, y canto lento, para mí solo, vago cantos que compongo mientras espero.”

El Libro del desasosiego nació en 1913 y Pessoa trabajó en él durante toda su vida. La composición presenta dos fases de escritura: la primera iría de 1913 a 1920 y la segunda de 1929 a 1934. Cada una de las etapas es asignada por Pessoa a un autor diferente. Primero a Vicente Guedes y posteriormente a Bernardo Soares. Entre ambas un intervalo que a día de hoy continúa siendo un misterio para los investigadores.

Ésta es una obra inacabada e inacabable: un universo entero en expansión cuya pluralidad (literaria y vital) es infinita. Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libros de contabilidad en la ciudad de Lisboa, autor ficticio de este libro, es, según Pessoa, «un semi-heterónimo, porque, no siendo mía la personalidad, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella».

El Libro del desasosiego no es la novela de la vida de Bernardo Soares, lo que a éste le sucede en el día a día apenas tiene lugar en el libro, ni es, tampoco, solamente su diario personal, sino que es un compendio de reflexiones sobre la vida, la filosofía, la literatura, la soledad, el arte de escribir…, que acaban por formar una perspectiva muy acertada, adecuada y perfectamente transpolable a la actualidad del hombre postmoderno.

En estos textos Soares nos explica, entre otras cosas, su incapacidad para vivir, y su teoría de que él vive hacia adentro, porque sus sensaciones son su verdad, mucho más puras y reales de las del hombre vulgar, cuyos sentimientos, por ser “reales“, son menos intensos que los suyos imaginados.

Para entenderlo mejor, pondré un ejemplo: un hombre se enamora de una mujer, pero en realidad se enamora de la idea que tiene de la mujer, puesto que no la conoce del todo. Cuando el hombre entabla una relación con la mujer y pasa de estar idealizada a ser real, el amor ya no es tan puro, o no es amor tan intenso como el del principio. Porque la mujer no es perfecta, tiene defectos, y el amor se convierte en cariño o en algo distinto. Por eso Bernardo Soares prefiere no amar a nadie en la vida real, si no sólo en la imaginación, para vivir un amor más intenso y puro que no se verá contaminado de esas dosis de realidad que bajan del pedestal a las personas que amamos y que desvirtúan el sentimiento.

Este ejemplo lo extrapola a todo: Bernardo Soares no tiene amantes, ni amigos, sólo algún conocido que hace posible la publicación de su libro. Sus novias son mujeres inexistentes, sus amigos son muchos, y los visita, pero sólo en sus ensoñaciones, y viaja sólo con la imaginación. Mientras tanto, el tedio (y el desasosiego) ocupan su vida real de ayudante de tenedor de libros.

El lector, enfrascado en esta lectura, puede abandonarse al acto puro del sentir, en el cual se toma conciencia del abandono de la conciencia y del pensar, hasta llegar a un punto en el que, únicamente, el sentir se siente. Sintiendo como propias las angustias existenciales de Bernardo Soares, se siente, en lo más profundo del ser, su desapego a la vida y, al sentirlo en nosotros, lo vamos interiorizando.

El libro nos intercede directamente y nos narra sentimientos que todos hemos llegado a experimentar, sensaciones, nada excepcionales, que son totalmente comunes a la mayoría de las personas. Por ello lo fascinante de la obra no es lo que en ella se expresa, puesto que los sentimientos que transmite Soares son de lo más común, sino que lo fascinante, lo genial, de esta obra pertenece a la forma con que dichos sentimientos están expresados: el libro susurra y tiene una voz melodiosa, pausada y armónica; una voz que respira con cadencia, una voz que precisa ser leída en voz alta para poder ser gozada en su plena musicalidad y belleza, una voz que juega con las comas y los puntos, para dotar de un ritmo poético a la prosa.

Cortesía de Un Libro Abierto, Ratitas de Biblioteca, Acantilado y Revista de Letras !!

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