Jean Paul Sartre

 

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Jean Paul Sartre

(París, 21 de junio de 1905 – París, 15 de abril de 1980)


La Nausea (1938)

original

“La Náusea se ha quedado allá, en la luz amarilla. Soy feliz, este frío es tan puro, tan pura la noche; ¿no soy yo mismo una onda de aire helado? No tener ni sangre, ni linfa, ni carne. Deslizarse por este largo canal hacia aquella palidez. Ser sólo frío.

… Ahora me deslizo despacito al fondo del agua, hacia el miedo.”

Hay libros que nos dejan una especie de incómoda desazón, una sensación como de insuficiencia. Pareciera que sólo hubiéramos conseguido arañar su superficie y no llegar al corazón de la obra. Uno se consuela con el pensamiento de que, al menos, algo del conocimiento que intentan transmitir se nos haya adherido de alguna manera inconsciente, como se adhiere el polen a las alas y a las antenas de las abejas. La Náusea quizá sea uno de estos libros.

Pesa en él la certidumbre de un conocimiento trágico del sentido de la existencia humana, del absurdo del destino de los hombres, y todo se configura lentamente, casi a escondidas, en un ambiente oscuro, extraño, a menudo marcadamente kafkiano. Sus personajes remiten continuamente nuestra memoria a aquellos que rodean al agrimensor en El Castillo.

Cuando en un momento dado Roquentin, el protagonista, decide abandonar el estudio histórico al que ha dedicado los últimos años de su vida, anota en su diario, desolado: “Martes. Nada. He existido”. La existencia es vacío, existimos de la misma manera que existen las raíces de los árboles o los bancos de un parque. Existir no es ser, sino únicamente estar.

Cortesía de Mgregorovius !!

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